La Natura de la Conciencia

por Piero Scaruffi

Trad. por Mario Alberto Vivero Salazar
Indice | Cap. 1: Mente y Materia

La teoría de la Identidad

(Ullin Place, John Smart, Herbert Feigl, David Lewis, David Armstrong, Bertrand Russel, Donald Davidson, Frank Ramsey, Hilary Putnam, Jerry Fodor, Noam Chomsky, David Marr, Stephen Stich, Ned Block)

El principal problema con cualquier teoría materialista es cómo la mente (pensamientos, sentimientos, etc.) pueden ser explicados desde lo que conocemos como materia. Si la mente es en última instancia materia, entonces ¿de que está hecha y cómo está construida? ¿Cómo en otras palabras, puede lo mental ser reducido a lo físico?.

La “Teoría de la Identidad” fue primeramente anticipada por los filósofos Británicos (aunque residentes Australianos) Ullin Place con “Es la Conciencia un Proceso Cerebral” de 1956 y por John Smart con “Sensaciones y Procesos Cerebrales” de 1959. Ellos afirmaban que las percepciones y la conciencia son procesos físicos en el cerebro, de la misma manera como el relámpago es un proceso físico en el aire. Ellos fueron tan lejos cómo identificar estados consientes en estados cerebrales. Esto remueve la pregunta de, en donde la interacción mente-cuerpo ocurre: ya que los estados consientes y los estados físicos son la misma cosa, no necesitan interactuar. Ellos se “comportan” de manera conjunta. Un deseo, por ejemplo, es ambos un estado físico y consiente que causan algunas acciones que son ambos estados físicos y consientes.

Como Herbert Feigl lo expuso, estados mentales y estados físicos tienen la misma “extensión” pero diferente “intensión”: describen los mismos estados, pero de diferente manera. Los idiomas mentales y los idiomas físicos son diferentes descripciones de los mismos estados. Desde el punto de vista del hombre que camina por las calles, esta tesis es difícil de defender, como los estados mentales y los estados físicos son “obviamente” diferentes (dolor, miedo, amor como apuesto a un proceso  electroquímico en el cerebro). Un antiguo truco filosófico, la así llamada “Ley de Leibniz” sostiene que dos cosas son idénticas si solo si todas las propiedades que se aplican a la primera también se aplican a la otra y viceversa. Pero las propiedades de los estados mentales (tales como las emociones) y las propiedades físicas (tales como propiedades químicas y eléctricas) son obviamente diferentes.

Hay algunas variantes de la teoría de la identidad.

En vez de limitar la teoría de la identidad a la conciencia y sensaciones, el filósofo Estadounidense David Lewis (“Un argumento por la teoría de la identidad”, 1966) y el filósofo australiano David Malet Armstrong lo extendieron a todo lo que es mental, no solo conciencia y percepciones: todos los estados mentales son estados físicos en el cerebro, todos los procesos mentales son procesos cerebrales. De aquí en adelante los procesos mentales tienen un rol “causal”: un estado mental (por ejemplo una creencia, un deseo, un miedo a algo) puede causar conducta y lo hace porque es un estado cerebral. Un estado mental (que es un estado cerebral) es causados por y para causar conducta. Por ejemplo, el relámpago no es el único proceso físico en el aire: es causado por aquel proceso físico. Un estado mental es definido por su rol causal: lo que causa el estado mental, cual comportamiento el estado mental causó, y su relación con otros estados mentales.

Cual sea el giro que tome la teoría de la Identidad, todos estos filósofos enfrentaron el mismo problema: cómo explicar las emociones que sentimos, las cuales son obviamente muy diferentes en naturaleza de un pedazo de materia.

 

El Problema de la Irreductibilidad

Una forma elegante de resolver el problema de la “irreductibilidad” (de cómo la mente puede ser reducida a materia) fue ideado fue ideado por el filósofo Británico Bertrand Russel: el estaba vivamente consciente de la inescrutabilidad de la materia en general y de la materia cerebral en particular: nosotros no podemos conocer la naturaleza de la materia (electrones, ondas gravitacionales y demás) más allá que a través de experimentos y teorías, pero nunca sentirlas directamente. En particular no podemos conocer el proceso que ocurre en nuestro propio cerebro.

Russel pensó que la mente nos permite percibir, al menos, algunos de esos procesos como ocurren en el cerebro. El remarcó que lo que un neurólogo en realidad ve mientras examina el cerebro de alguien es parte del suyo propio, del cerebro del neurólogo. La irreductibilidad de lo mental a lo físico es simplemente una ilusión: lo mental y lo físico son diferentes formas de entender la misma cosa lo previo por la conciencia y lo posterior por los sentidos. La conciencia nos da conocimiento, inmediato y directo de que hay en el cerebro, en donde los sentidos pueden observar (posiblemente ayudado por instrumentos) de lo que está en el cerebro.

En la teoría de Russel, lo mental no es reducido a lo físico y la tradicional preeminencia sobre lo físico sobre lo mental da un giro de cabeza: lo mental es una comprensión transparente de los caracteres intrínsecos del cerebro. La conciencia es básicamente, solo otro sentido un sentido que en vez de ver colores, olores o sonidos percibe la naturaleza misma del cerebro.

 

Monismo Anómalo

Con su “Monismo Anómalo”, Donald Davidson apuntó a demostrar que lo mental y lo neural no son la misma cosa (mientras evadió el Dualismo de Descartes) y preparó el terreno para “la teoría de Identidad de Tipos”

·   La Teoría de la mente de Davidson descansa en un simple silogismo.

·   Al menos algunos eventos mentales interactúan causalmente con eventos físicos.

·   Los eventos relacionados como causa y efecto caen dentro estrictas leyes deterministas.

·   No hay leyes estrictamente deterministas bajo los eventos mentales que pueden predecir y explicar. (Esto es lo “anómalo” de la mente)

Esto marca una contradicción,  a menos que asumamos que la mente es algo más. Lo que esto significa es que los dominios mental y físico tienen características esenciales que de alguna manera son mutuamente incompatibles: un estado mental no puede solo ser un estado cerebral. No puede haber leyes conectando lo mental con lo físico. En otras palabras, no puede haber una teoría conectando la Psicología y la Neurofisiología.

En la jerga de la Teoría de la Identidad, Davidson propone que la misma instancia de un estado mental puede corresponder a diferentes estados neurales en diferentes momentos; lo que significa que, dado un estado mental, no es posible relacionarlo a un estado físico específico. El mismo evento puede ser ambos mental y físico, pero no existe una relación entre las dos descripciones.

Davidson cree que hay una sola sustancia, una sustancia física, y que “prueba” que los eventos son físicos.

Cada evento mental es un evento físico, pero no es posible reducir las propiedades mentales a propiedades físicas (no existen leyes psicofísicas) y por lo tanto, por ejemplo, el lenguaje de la Psicología no puede ser reducido al lenguaje de la Física. Lo mental es en última instancia físico, pero no hay ley para explicar un evento mental en términos de eventos físicos. El Dominio de lo mental no puede ser objeto de investigación científica (En última instancia esto se debe al hecho de que lo mental es holístico).

La teoría de Identidad de Tipos vino a identificar una menos estricta versión de la Teoría de la Identidad: más que un estado físico puede corresponder al mismo estado mental (un estado mental puede suceder en diferentes estados físicos). Esto daría cuenta el hecho de que la gente con cerebros ampliamente diferentes pueden estar en el mismo estado psicológico.

Este punto de vista abrió las puertas al funcionalismo.

 

La Era del Funcionalismo

Si un estado mental puede suceder en más de un estado físico, ¿el estado físico es completamente importante?

¿Qué es lo que hace a un estado físico del cerebro también un estado mental? Los funcionalistas tuvieron una respuesta: es la “función” lo que se desempeña en la vida del organismo. Esta función causará un comportamiento.

En el estado físico no es importante en determinar un estado mental, sino lo es la función. Nosotros llamamos a algo un “termómetro” si este mide la temperatura, sin importar si está hecho de plástico o de metal; si es la función y no el material eso sería lo que determina que son las cosas. De la misma manera la mente si esta tiene la función que tiene una mente, en realidad no importa de que este hecha.

La “función” de algo es la combinación de los estímulos que procesa, la operación que realiza y el comportamiento externo que causa.

El funcionalismo (Armstrong, Lewis) es realmente un caso especial de un Materialismo de identidad de Tipos en el cual un estado mental es definido únicamente por la relación causal que soporta sobre el comportamiento y sobre otros estados mentales. Los estados mentales expresan en última instancia, relaciones causales (la ocurrencia de algo causando algo más para tomar lugar). En otras palabras, estas en última instancia tienen una función. Nunca importa de que está hecha: los estados mentales tienen una función y eso es lo que importa.

Una consecuencia de esta aproximación es que la mente no necesariamente requiere de un cerebro: todo lo que cumple la misma función es una mente también.

Los estados mentales son definidos por su función, y pueden ser así mismo implementados en una computadora o en un cerebro. De hecho por usar una técnica inspirada por el matemático Británico Frank Ramsey es posible traducir cada frase conteniendo términos psicológicos “no científicos” (tales como creer, desear, etc.) hacia un sentido más formal (parecidos a frases de Lógica de Predicados) la cual solo contiene relaciones causales: la mente simplemente es la locación en la cual estas relaciones causales son llevadas a cabo.

La diferencia entre funcionalistas y conductistas no es una línea muy clara, por supuesto. Básicamente los conductistas rechazaban tratar con estados mentales y se enfocaban en la conducta, en donde los funcionalistas dijeron que los estados mentales existen, porque causan una conducta. El funcionalismo no niega la existencia de la mente, en realidad extiende los posibles productos de la mente en la naturaleza (no necesita tener un cerebro).

El funcionalismo tiene una ventaja sobre el materialismo: hay evidencia que existen diferentes circuitos neurales causando los mismos estados mentales (diferentes personas con diferentes cerebros sintiendo las mismas emociones, la misma persona con un cerebro cambiante con las mismas emociones, un cerebro dañado tiende a repararse a sí mismo para realizar las mismas tareas como lo estaba haciendo antes), pero el materialismo implica que un estado mental es la consecuencia directa de un estado físico, el cual podría ser entendido para significar que dos diferentes estadios físicos dan paso a dos diferentes estados mentales. El Funcionalismo permite la “Realización Múltiple”. Estrictamente hablando, ni siquiera se necesitaría el estado mental ocurra en un cerebro: el Funcionalismo solo está preocupado con la “función”, no con lo que la cosa que realiza  la función.

Ya que las funciones deben ser llevadas a cabo por una entidad física, el funcionalismo insinuó algún tipo de materialismo. David Lewis explícitamente los unió a ambos, materialismo y funcionalismo: cada estado mental es un estado físico, y cada estado mental es un estado funcional. El matrimonio de estos dos resolvió dos clases de paradojas populares, la paradoja del “dolor loco” (¿qué pasaría si un humano naciera hecho de carne como cualquier otra persona pero su reacción del sentimiento de dolor es completamente diferente?) y la paradoja del “Dolor Androide” (¿qué pasaría si un ser hecho de algo diferente reaccionara de la misma manera que los humanos reaccionan?).

El completo debate sobre una o dos sustancias no tiene importancia: lo que es relevante es la función, no la sustancia. Una mente puede ser implementada con cualquier número de sustancia, siempre y cuando  realice la función de una mente. 

 

 Funcionalismo Computacional

¿Pero cómo los estados mentales causan conductas físicas? Esta todavía era la antigua adivinanza del Dualismo: ¿Cómo la mente y el cuerpo interactúan?

Una posible solución fue encontrada en la analogía con un dispositivo que se había transformado en algo muy popular en la década de los 50s, la computadora. La computadora implementó el concepto que una sustancia (el software) puede influenciar otra sustancia (el hardware).

El Funcionalismo así engendró al “Funcionalismo Computacional” (Hilary Putnam, Jerry Fodor, Stephen Stich, Ned Block), de acuerdo a lo cual la mente es un programa y el cerebro es su hardware, y la ejecución de ese programa en ese hardware da paso a un resultado que es la conducta externa del organismo.

La mente es un procesador de símbolos (tal como lo es la computadora) y los estados mentales están relacionados a estados computacionales.

Otro caso del Funcionalismo Computacional es el funcionalismo “Homuncular” (Daniel Dennett, William Lycan), el cual descompone a la mente en mentes más pequeñas y más pequeñas hasta que lo reduce a un estado físico: un proceso mental es el producto de muchos procesos mentales inferiores y cada uno de estos procesos mentales inferiores es el producto de procesos más y más primitivos. Cada capa mental inferior en menos “mental” que la previa. Al fondo de esta jerarquía están los procesos neurales del cerebro.

La crítica más común del funcionalismo es que es completamente implausible que los objetos diferentes del cerebro puedan tener una mente. Pero entonces (como Chalmers ha señalado) el cerebro en sí mismo, esa fea, desordenada, pegajosa masa de materia gris y blanca es un candidato improbable para algo tan especial como una mente. ¿Porqué una computadora debería verse más bizarra que un cerebro?

¿Acaso la mente reside en organización o en una sustancia? ¿O en ambas?

 

La Teoría Computacional de la Mente

La Filósofa Estadounidense Hilary Putnam sostuvo (“Mentes y Máquinas”, 1960) que el mismo estado mental puede ser implementado por diferentes estados físicos. Por ejemplo, cada persona tiene un diferente cerebro pero cada persona tiene los mismos estados psicológicos de “miedo”, “felicidad”, etc. Hasta otros animales exhiben algunos de los mismos estados. Putnam clasifica a los estados mentales basados en su función es decir los roles causales dentro del sistema mental, sin importar su estructura física. Los estados físicos y los estados mentales pueden incluso ser agrupados de diferentes maneras.

Putnam entonces sugirió que el estado psicológico de un individuo debe ser identificado con el estado de la así llamada “máquina de Turing” (básicamente con una computadora): Un estado Psicológico causaría otros estados psicológicos de acuerdo a las operaciones de la máquina. Creencia y deseo corresponderían a fórmulas almacenadas en dos registros de la máquina. Algoritmos apropiados procesarían aquellos contenidos para producir acción.

La idea de Putnam lleva a un especial caso de la teoría de la identidad, la “Teoría Computacional de la Mente”

La “teoría Representacional de la mente” fue desarrollada por el lingüista Estadounidense Jerry Fodor y es una evolución de las ideas de Putnam. Fodor argumenta que la mente es un procesador simbólico. El conocimiento del mundo está incrustado en representaciones mentales, y las representaciones mentales son símbolos, los cuales poseen su rol causal en virtud de sus propiedades sintácticas (es decir en virtud de como estos pueden ser usados en operaciones computacionales). La mente está dotada con un set de reglas para operar en tales representaciones. La vida cognitiva es la transformación de esas reglas. La mente procesa símbolos sin saber que significan aquellos símbolos en un sentido puramente sintáctico. El comportamiento se debe a las estructuras sintácticas internas de la mente.

Los símbolos utilizados para construir representaciones mentales pertenecen a un lenguaje de pensamiento o “mentalés”. Tal lenguaje no puede ser uno de los lenguajes que hablamos porque la misma habilidad para hablar requiere la existencia de un lenguaje interno de representación. Tal lenguaje es una parte intrínseca del cerebro y ha sido de alguna manera producida a través de la evolución. Una creencia, por ejemplo, es realizada como una frase en el lenguaje del pensamiento el cual reside en el área de las creencias del cerebro (“Yo creo que mi nombre es Piero” es implementado en el área de la creencia por la traducción en el lenguaje de pensamiento de la frase en español “Mi nombre es Piero”).

Este lenguaje interno del pensamiento es compartido por todas las criaturas capaces de “actitudes proposicionales”  (la más simple forma de pensamiento tales como creencias, esperanzas, miedos, deseos). Tales criaturas pueden entonces expresar sus representaciones en cualesquier lenguaje humano o animal que puedan hablar.

Fodor básicamente ofrece una solución al problema enfrentado por los dualistas: cómo conectar la mente y el cuerpo, estados mentales y estados físicos, el deseo de hacer algo y el acto de hacerlo. Creencias y deseos son información, representados por símbolos, y los símbolos son estados físicos de un procesador, y el procesador está conectado a los músculos del cuerpo. Cuando los símbolos cambian, tienen un impacto en el cuerpo, estos causan comportamientos. Al mismo tiempo, la percepción resulta en un cambio de estos símbolos. El procesador, en cambio, puede cambiar los símbolos porque compacta algunos de ellos dentro de uno nuevo (razonamiento). Mente y cuerpo se comunican mediante procesamiento de símbolos.

La teoría computacional de Fodor es consistente con aquellos ofrecidos por el lingüista Estadounidense Noam Chomsky en el campo de la lingüística y David Marr en el campo de la visión: la mente es un set de módulos que “computan” algo basado en una capacidad simbólica   innata. Noam Chomsky habló de “órganos mentales” para relacionar su rol con el rol de los órganos físicos. Cada órgano lleva a cabo una función y comunica los resultados a otros órganos.

Fodor generaliza sus ideas: la mente está hecha de módulos especializados genéticamente, cada uno especializado en realizar una tarea. Un módulo corresponde a una región física del cerebro, y está aislada de otros módulos. Un modulo recibe una entrada de información o input solo de módulos de niveles inferiores, nunca de niveles superiores (por ejemplo una creencia, no puede influenciar el trabajo de un módulo que analiza los datos sensoriales). Cada módulo genera una salida de información u output en un formato común, en el “lenguaje del pensamiento”. Sus outputs son inputs al procesador central, que maneja la memoria a largo plazo y manufactura creencias. El procesador central es el único módulo que no es de dominio específico. Cada otro módulo trata con un dominio específico.

Fodor parece que no contempla el crecimiento cognitivo: los módulos están fijados en el nacimiento y permanecen de la misma manera a través de toda la vida del individuo.

La aproximación del filósofo Canadiense Stephen Stich es aun más puramente sintáctico: él hasta rechaza la noción de de que cada objeto de una operación mental debe representar algo (o se encuentra por algo). Stich asume que los estados cognitivos corresponden a estados sintácticos en tal manera que la relación causal entre estados sintácticos (o entre estados sintácticos, estímulos y acciones) corresponde a relaciones sintácticas de correspondientes objetos sintácticos. Su “mente” es puramente un programa sintáctico.

El filósofo Estadounidense Ned Block cree que el estado psicológico de una persona puede ser identificado con el proceso físico que está tomando lugar en el cerebro en vez del estado en el que el cerebro se encuentra. Un estado psicológico puede ser entonces representado cómo  por la operación realizada en una máquina, es decir identificado con el estado computacional de la máquina, en vez que con su estado físico. De esta manera el estado psicológico no depende del estado físico de la máquina y puede ser lo mismo para diferentes máquinas que se encuentran en diferentes estados físicos, pero en las cuales el mismo proceso está ocurriendo.

Block en realidad ha proveído la crítica más amplia al Funcionalismo. “Qualias” (sensaciones que están asociadas al hecho de un ser en un dado estado psicológico) no pueden ser fácilmente explicadas en un punto de vista funcionalista. Toma un organismo cuyos estados funcionales son idénticos a los nuestros, pero en el cual el dolor causa la sensación que nosotros asociamos al placer (“qualia invertida”) y un organismo cuyos estados funcionales son idénticos a los nuestros, pero en el cual el dolor no causa sensación alguna (“Qualia ausente”), y un organismo cuyos estados funcionales, no pueden, aparentemente, dar cuenta por cualquier caso. Además el funcionalismo no prescribe como podemos limitar el universo de organismos que tienen estados mentales. Un funcionalista podría pensar que aun la economía de Bolivia como es expertamente manipulada por un financiero, posee estados mentales.